¿Ya sometiste tu lengua?

El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu Santo dice a la iglesia

Pastor Asociada Mireya san

¿Ya sometiste tu lengua?

Someter la lengua no es algo simbólico; es ponerla bajo control, aun cuando cueste. Es decidir no hablar lo que daña, hiere o destruye a otras personas. Muchos insultan creyendo que están aconsejando. Otros disparan palabras creyendo que saben exactamente lo que dicen.

Pero la verdad es clara: un ciego no puede enseñar a ver. Un topo no puede dar clases de visión. Cuando la lengua no está sometida, habla desde la oscuridad.

Una lengua sin control produce desorden

La lengua que no se pone en orden lleva desorden a donde quiera que llega. Opera en rebeldía y se opone a todo lo que Dios quiere hacer. Cuando se mueve desde la amargura y “revuelve la olla”, confunde, desorienta y hace que las personas pierdan el rumbo que deben seguir.

Por eso la Biblia es tan firme con el uso de la lengua: no es algo pequeño; es un asunto espiritual.

El daño revela quién guía la lengua

Cuando alguien daña con sus palabras, demuestra quién lo está guiando.
Jesús dijo claramente que el diablo vino a robar, matar y destruir (Juan 10:10). Y una de sus herramientas principales es la lengua que no ha sido corregida.

La mentira hablada se convierte en difamación, porque se habla de lo que no consta, de lo que no se vio, de lo que no se vivió. Eso no viene de Dios.

El alma enferma habla desde la oscuridad

Quien vive señalando los problemas ajenos, pero no ve los propios, está enfermo del alma. Viven en apatía, indiferencia y abandono personal. Se dejan llevar por miles de comentarios, enredándose cada día más en un mundo de oscuridad espiritual.

Cuando el corazón no es tratado, la lengua se vuelve peligrosa.

Jonás: cuando la lengua se rebela

Jonás es un ejemplo claro. Fue llevado al vientre del monstruo marino —figura del infierno— porque dejó que su lengua hablara con enojo y disgusto por lo que Dios quería hacer con Nínive (Jonás 1).

Pero cuando oró desde el vientre del pez, recapacitó y refrenó su lengua (Jonás 2). Ahí comenzó su restauración. El cambio empezó cuando dejó de resistirse a Dios.

Verdad que sana, mentira que ciega

Los que no dicen la verdad dañan a otros.
La Escritura dice que el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio (2 Corintios 4:4).

Pero la revelación de Dios es medicina para los que tienen odio contra sus hermanos. La verdad no destruye; la verdad sana.

Saúl: un enemigo mal identificado

Saúl vio a David como su enemigo y trató de matarlo muchas veces. Pero su verdadero enemigo no era David; era su propio corazón:

  • Orgullo

  • Desobediencia

  • Mentira

Cuando no se discierne el verdadero enemigo, la lengua ataca a quien no debe.

La lengua revela el corazón

La Biblia lo dice sin rodeos:

“La lengua es un mundo de maldad.” (Santiago 3:6)

Y también advierte:

“Con ella bendecimos a Dios… y con ella maldecimos a los hombres hechos a la imagen de Dios.” (Santiago 3:9)

Eso no debe ser así.

Un llamado urgente

Cristo viene ya.
No pongas fuego donde aún hay algo en pie. No destruyas con palabras lo que Dios quiere restaurar.

Busca a Dios. Permite un cambio real en tu vida.

“El que quiere ver días buenos, refrene su lengua y sus labios de hablar engaño.” (1 Pedro 3:10)


Someter la lengua es señal de madurez espiritual.
Refrenarla es evidencia de obediencia.
Y usarla para edificar es prueba de que Dios gobierna el corazón.

“Presta atención, y Dios te dé entendimiento en todo.” (2 Timoteo 2:7)

👉 Hoy es el día para rendir tu lengua a Dios. Que tus palabras ya no destruyan, sino que sanen, edifiquen y glorifiquen al Señor.
























El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu Santo dice a la iglesia (19/Ene/26)

¿Ya sometiste tu lengua? Esto es ponerla por la fuerza bajo tu control, para que no hable lo que daña, lastimando a las personas. Insultas y crees que estás aconsejando. Disparamos palabras acomodando que sabemos lo que decimos. Un topo quiere dar clases de visión y es ciego.

La lengua que no se pone en orden va a traer desorden donde quiera que esté. Opera en rebeldía, y esto va en contra de todo. Si se maneja en amargura y revuelve la olla para desorientar, las personas ya no sabrán el rumbo que deben seguir.

No hagas daño, porque esto demuestra que es el diablo quien te guía, y que vino a robar, matar y destruir (Juan 10:10). Esto lo hace usando la lengua de gente que no corrige su hablar, y lo hace con mentira, y esto se convierte en difamación, porque es algo que no consta, es decir, lo que no viste porque no estabas ahí.

Quien lo hace está enfermo del alma, porque mira los problemas de los demás, pero los suyos no los ve. Viven con apatía e indiferencia, se han abandonado y son movidos por miles de comentarios, porque se van enredando cada día más en un mundo de oscuridad del diablo.

Jonás fue llevado al vientre del monstruo marino = infierno, porque dejó que su lengua hablara con enojo y disgusto por lo que Dios quería hacer con Nínive (Jonás 1:1-17). Hasta que oró a Jehová desde el vientre del monstruo marino, recapacitó y refrenó su lengua (Jonás 2:1-10).

Los que no dicen la verdad dañan a otras personas. El dios de este siglo cegó = cerró el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios (2 Corintios 4:4).

La revelación es medicina para los que tienen odio contra sus hermanos. Saúl vio a David como su enemigo y lo trató de matar muchas veces. Vivió equivocado y no se cuidó de los verdaderos enemigos que tenía en sí mismo: el orgullo, la desobediencia y la mentira.

La lengua es un mundo de maldad (Santiago 3:6). No maldigas a los hombres que están hechos a la imagen de Dios (Santiago 3:9).

Cristo viene ya. No pongas fuego en la tierra, no termines con lo que sigue en pie. Busca a Dios y permite un nuevo cambio en tu vida.

“El que quiere ver días buenos, refrene su lengua y sus labios de hablar engaño.” (1 Pedro 3:10)

Presta atención, y Dios te dé entendimiento en todo (2 Timoteo 2:7).


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