Vuelve a Sonreír
El que tiene oídos, para oír. Oiga lo que El Espíritu Santo dice a la Iglesia
¿Cuántas
veces hemos sentido que la vida nos pesa, que el dolor y la frustración nos
consumen? Es fácil caer en la trampa de la amargura, esa emoción que nos
arrastra a la tristeza, a la rabia, a la sensación de que nada está bien. Y
aunque, en esos momentos, puede parecer que el mundo nos está fallando, la
verdad es que esa actitud nos aleja de la paz que Dios quiere darnos. Hoy
quiero hablar sobre cómo la amargura afecta nuestra vida, nuestra salud y
nuestras relaciones, y sobre cómo podemos salir de ese ciclo destructivo para
vivir con libertad y sanidad.
La amargura: un veneno que destruye desde adentro
El Salmo
32:3 dice: "Mientras callé, se envejecieron mis huesos; en mi gemir todo
el día." Cuando guardamos rencor, cuando nos dejamos consumir por la
amargura, no solo estamos afectando nuestra paz, sino también nuestra salud. El
gemir, el murmurar, es esa queja constante que brota del disgusto, y aunque
parece una reacción natural, en realidad nos está destruyendo por dentro. Como
nos muestra la historia de María y Aarón en Números 12:10, el murmurar contra
otros contamina nuestras relaciones, y lo que empieza como un pequeño
descontento puede escalar hasta convertirse en un gran conflicto.
La amargura: un obstáculo para la unidad
No solo es nuestra salud la que se ve afectada, sino también nuestras relaciones. La amargura crea división, y donde hay división, no hay paz. Santiago 4:1-4 nos habla de cómo las peleas y los conflictos nacen de nuestros propios deseos egoístas. Es fácil caer en la trampa de culpar a los demás por lo que nos sucede, pero la realidad es que la solución no está en lo que los demás hacen, sino en cómo nosotros elegimos vivir. La unidad es la respuesta. La clave para la restauración de nuestras relaciones está en dejar el rencor, buscar el perdón y la reconciliación.
La amistad con el mundo y el pecado: una verdad incómoda
Es
importante entender que cuando nos aferramos a la amargura, nos estamos
alejando de Dios. Santiago 4:17 dice: "El que sabe hacer lo bueno y no lo
hace, le es pecado." La amargura, aunque nos parezca una respuesta
justificable, nos coloca en una posición contraria a la voluntad de Dios. Nos
aleja de la paz que Él tiene para nosotros y nos coloca en enemistad con Él. Si
permitimos que el rencor gobierne nuestro corazón, nos estamos apartando de la
luz de Dios.
El perdón: el camino hacia la libertad
La buena noticia es que hay una salida. Como Moisés oró por su hermana María (Números 12:13), nosotros también podemos romper las cadenas de la amargura al elegir el perdón. No importa lo que te hayan hecho, el perdón es el único camino hacia la libertad. Moisés, al ver a su hermana en dolor, no se dejó llevar por la crítica ni el rencor. Al contrario, se inclinó ante Dios en oración. Este es el modelo que debemos seguir: no caer en la tentación de hablar mal, de vengarnos o de amargarnos, sino buscar la restauración en la oración y en la bendición.
Volver a la luz: el camino hacia la sanidad
Dios nos
llama a regresar a Él, a Su luz. En Malaquías 3:7, Dios nos dice:
"Volveros a mí, y Yo me volveré a vosotros." Al alejarnos de Su
Palabra, nos alejamos de la dirección y paz que necesitamos para vivir. La luz
de Dios ilumina nuestro camino, y Su Palabra es la lámpara que nos guía (Salmo
19:105). Si hoy sientes que te has desviado, que has caído en la oscuridad de
la amargura, es hora de regresar. Vuelve a la Palabra, vuelve a la luz de Dios,
y verás cómo tu vida comienza a cambiar.
Es hora de volver a sonreír
Hoy es un buen día para dejar atrás la amargura y el rencor. Es tiempo de regresar a la danza de la adoración y la alabanza, como lo hizo María, y permitir que Dios transforme tu corazón. Como dice 2 Timoteo 2:7, "Te haré entender, te enseñaré el camino en que debes andar, sobre ti fijaré mis ojos." Dios está listo para darnos entendimiento, sanidad y restauración, pero tenemos que estar dispuestos a dejar el orgullo, el rencor y la amargura atrás.
Mi invitación hoy es esta:
Haz una
pausa. Revisa tu corazón. Si hay algo que te está amargando, hoy es el día para
soltarlo. Regresa a la luz de Dios, a Su Palabra, y permite que Él sane tus
heridas. Si has sido herido, bendice a quien te hizo mal. No sigas el veneno
del odio. Deja que la paz de Dios gobierne tu vida.
Pastor Asociada Mireya San
Escroto Marzo, 2025 ¿Te has amargado? Esto te lleva a vivir en
tristeza, esto produce enfermedad a tu cuerpo. Esto no es bueno. Mientras callé
se envejecieron mis huesos. En mi gemir todo el día. Salmos 32:3 Gemir es
murmurar, hablar mal porque hay disgusto. María-Aarón, hermanos de Moisés
murmuraron. Números 12:10. Se contaminó; esto hace la amargura, espera familias
y donde esto sucede hay guerra y no hay paz. Santiago 4:1-4.
Unidad es la solución. Portate bien porque
la amistad con la amargura te destruye. ¿No sabéis que la amistad del mundo es
enemistad con Dios? El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.
Santiago 4:17. ¿Cuál es tu corazón? Si hay rencor no va a funcionar lo que
hagas, deja el orgullo y perdona. Sales de la amargura al bendecir al que mal
te hizo. Moisés oró por su hermana María. Entonces Moisés clamó a Jehová
diciendo: Te ruego, oh Dios que la sanes ahora. Números 12:13.
No
uses el veneno que la serpiente (diablo) quiere que hables. Moisés no hizo caso
a lo que su hermana dijo que su esposa, no se amargó. No seas como el caballo o
como el mulo, sin entendimiento. Salmos 32:9. Son tercos y no quieren aprender;
hay que ponerles rienda y freno. No seas tú como ellos, Cristo viene. Te haré
entender, te enseñaré el camino en que debes andar, sobre ti fijaré mis ojos.
Salmos 32:8. Es tiempo de entender porque eres así. Que la luz de Dios
resplandezca y se quite la ceguera que el dios de este siglo puso usando la
incredulidad. 2 Corintios 4:4.
Si no ves no sabes por qué camino diriges
tu vida. Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino.
Salmos 19:105. Te alejaste de la
luz=Palabra vuelve. Volveros a mí, y Yo me volveré a vosotros;
desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes (Palabra) y
no las guardasteis.
Malaquías 3:7. María volvió a la
danza=adoración y alabanza, ya no repitió el error que cometió hablar mal salió de la amargura. Vuelve a sonreír. Presta atención y Dios te dé
entendimiento en todo. 2 Timoteo 2:7
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