Descubrí hace mucho tiempo que cuando me impaciento, me frustro y me inquieto es por que trate de hacer que sucediera algo que sólo Dios podía hacer. 

Me encontraba atrapada en las obras de la carne a las que defino como "la energía humana intentando hacer el trabajo de Dios". 

A veces cuando oro y creo en una victoria, parece que no pasa nada. Si realmente queremos saber cómo actuar en esos tiempos, podemos recibir mucha ayuda de la historia del agricultor paciente de la cual habló Jesús en Marcos 4:26-28. 

El hombre que plantó la semilla en la tierra, y luego se fue y siguió su vida, dormía y se levantaba.  Finalmente la tierra dió sus frutos de sí misma. El agricultor no sabe cómo vendrá la cosecha o exactamente cuándo será pero su tarea es levantarse en la mañana, hacer su trabajo, irse a dormir por la noche, mantiene su paciente vigilancia sobre la semilla que ha plantado hasta que recibe la cosecha. 

Jesús nos estaba diciendo que esta es la manera en que debemos responder a Dios. Nuestro problema es que a menudo somos impacientes. Continuamente preguntamos a Dios ¿cómo vas a ser eso? 

El agricultor nunca sabe exactamente cuándo saldrá su cosecha. Sólo sigue levantándose y acostándose hace lo que puede para enriquecer el suelo y cultivar la cosecha, pero deja el resto en las manos del Creador. Permíteme animarte a que hagas lo mismo. Dios siempre se mueve a su favor.

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